sábado, 21 de enero de 2017

Lo hice bien

Hace unos días dos palomas se vinieron a posar en la ventana, bastante tiempo, y tenía pinta de que hacían el viaje juntas.
Una de ellas apenas me miraba, localizaba la ruta a seguir, fríamente calculaba el momento exacto del vuelo.
Pero la otra sí me miraba, como si fuera una mandada y mientras estuviera allí, sobre la repisa, solo tuviera como ocupación vigilar mi persona.
Llegó el momento en el que la primera desplegó las alas y se fue, pero la segunda permanecía.
Permanecía y me miraba cómo lloraba y lloraba, esas lágrimas que alguien, algún escritor supongo, definió como inconsolables.
Así pasaron los minutos, sin perder de vista el camino que había seguido la primera, continuaba conmigo, al otro lado de esta ventana.
Y llegado el momento, yo dejé de llorar y la miré.. podía sentir algo de paz, y ella debió de sentirlo también porque en ese momento voló. Siguió la estela de su amiga y se marchó.

Fueron unos minutos, pero sentí que había venido para dejarle a mi lado, como llevaba pidiendo días y días.
Ahora paso por los rincones donde él solía sentarse, dormir la siesta, cortar leña, o simplemente estar llenando el aire con su intensidad, y logro sentir que está, que ha decidido quedarse conmigo, que sabe que lo quise con locura, y que él era mi alegría, esa parte de mí tierna que se marchó con él, que se encendía cuando me miraba, cuando me hablaba, cuando me decía tanto sin una palabra.

Lo hice bien, le cuidé, le quise hasta mi tope, le saqué sonrisas, le estrujé con abrazos y le desgasté con besos.
Lo hice bien, hasta el final, haciéndole sentir la inmensidad de colores y sentimientos que él me había aportado.
Y le despedí la última vez que nos vimos con mi frase favorita:
¿Quién te quiere más que yo?
Y él siempre respondía... El diablo.

Vuela ya tranquilo mi Toqui, con toda esa gente que tan feliz te hizo...dila a Tata que la quiero, que todos los días la quiero.
Y no te olvides de vez en cuando regresar,
y posarte en la repisa.

Eterno corazón,
ejemplo de vida,
gran conocedor de lo valioso en esta vida: el ahora.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El hilo invisible que nos une

"Si quieres algo, déjalo en libertad.
  Si vuelve a ti será tuyo para siempre
  Si no regresa, no te pertenecía desde el principio"
 
No recuerdo donde oí por primera vez esa frase, creo que en alguna película, porque es de las películas de donde saqué las grandes mentiras de mi vida.
Tardé en comprender que los guionistas vuelcan sus imposibles en ellas mientras te lo venden como el ideal a conseguir.
No existe.
No existe el amor sin rutina
No existe el amor sin que el otro se tire pedos.
Sin que haya momentos en los que quieras romper con todo
Con todo lo que ayer duró dos horas con palomitas y parecía eterno.
 
En cambio esa frase hizo un click en mi cabeza y sentí que al menos en parte era verdad, así que en aquella época que tu vida parecía una novela de aventuras, ingenio y sueños a borbotones, cual si fuera una actriz de las adoradas al borde del acantilado, con el viento levantando mi cabello muy estratégicamente
me prometí que viviría las relaciones que me tocaran de acuerdo a esas palabras
y sobre todo cuando el miedo a la pérdida me invadía, y aun lo hace, el eco de "si vuelve a ti..." me ayudaba a seguir en mí.
 
Existe un hilo invisible que une a las personas, y vivir en libertad sabiendo que ese hilo permanece es la mayor de las magias, de la vida real y no de las películas.
Saber que si esa persona no regresa a pesar de tener billete de vuelta es la mejor opción, la única también, pero la mejor..
¿le querrías a tu lado de otra forma?
 
La experiencia me ha mostrado que ese hilo no está al control de nadie, podemos cuidarlo pero solo él decide el momento de romperse.
Y cuando eso ocurre nada lo arregla,
ni aferrarse
ni desear
ni luchar
ni obligar al otro
ni exigir que esté a tu lado día y noche
Cuando ese hilo se rompe te toca cargar con tus bártulos e inventar un nuevo camino,
reinventarte.
 
Por eso es mejor vivir conociendo la fragilidad de ese hilo y no buscar que sea eterno,
permitir que el otro se vaya quizá para no volver
irnos persiguiendo nuestros sueños y esperar que el otro siga ahí a la vuelta
Si el hilo es fuerte
si está bien amarrado
y cuidado
la esperanza será que no se rompa
Pero quien sabe.
Aun así, coge el avión, anda sin mirar atrás, salta al miedo, sumérgete en aquello que te llama, lo que te hace feliz a ti.
 
Y si no vuelve, no te pertenecía.
Pero eso no es tan malo.
Tú sigues aquí.